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Choose life: La ironía en la serie Trainspotting

Trainspotting es una novela del escritor Irvine Welsh, publicada en 1993. Fue tan bien recibida por la crítica, que no tardó en ser llevada al teatro, y poco tiempo después se adaptó al cine de la mano del director inglés Danny Boyle –conocido actualmente además por dirigir Slumdog millonaire (2008), Steve Jobs (2015) y Yesterday […]

Trainspotting es una novela del escritor Irvine Welsh, publicada en 1993. Fue tan bien recibida por la crítica, que no tardó en ser llevada al teatro, y poco tiempo después se adaptó al cine de la mano del director inglés Danny Boyle –conocido actualmente además por dirigir Slumdog millonaire (2008), Steve Jobs (2015) y Yesterday (2019). Trainspotting se convirtió en una de las películas icónicas de la década de los noventa. Con su muy particular sentido de la ironía, Boyle presenta la historia de un grupo de jóvenes amigos que no solo se cuestiona el mundo en el que vive, sino que abiertamente lo rechaza. La primera entrega de esta serie está llena de escenas acompañadas de una voz en off que enuncia la hipocresía de lo socialmente aceptado. La segunda entrega, ubicada veinte años después, retrata una visión nostálgica de la vida de los protagonistas ya adultos, respetando el cinismo que envuelve la historia. 

El éxito del primer film va más allá de su técnica innovadora. Le dio voz a la inconformidad de toda una generación que se reveló contra una serie de verdades construidas por la sociedad. Como sostiene Nietzsche, la verdad que conocemos sobre el mundo no tiene correspondencia con la realidad, se trata más bien de una serie de mentiras útiles para mantener cierto control social. Richard Rorty, por su parte, habla sobre la construcción de las verdades del mundo en su libro Contingencia, ironía y solidaridad: Las verdades son proposiciones hechas por el ser humano, y estas no son halladas, sino más bien construidas por este: “…los seres humanos hacen las verdades al hacer los lenguajes en los cuales se formulan las proposiciones” (Rorty, 1991, p. 5). 

Las proposiciones son enunciados apofánticos que determinan una verdad sobre algo, y solo pueden ser formuladas a través del lenguaje. Es por esta razón que el mundo, aunque esté ahí afuera, no puede proponer un lenguaje, los únicos que pueden hacerlo son los seres humanos. “…la realidad es, en su mayor parte, indiferente a las descripciones que hacemos de ella, y […] el yo, en lugar de ser expresado adecuada o inadecuadamente por un léxico, es creado por el uso de un léxico.” (Rorty, p. 27). Es decir, las verdades que se conocen en el mundo se han construido por el ser humano a través del lenguaje, y la realidad no siempre va de la mano con lo que decimos de ella. 

Así, Trainspotting comienza con una secuencia en donde vemos a los protagonistas siendo perseguidos, al ritmo de “Lust for life” de Iggy Pop; luego, escuchamos la voz en off del personaje que lleva la línea narrativa de la historia, Renton, interpretado por Ewan McGregor:

Choose Life. Choose a job. Choose a career. Choose a family. Choose a fucking big television. Choose washing machines, cars, compact disc players and electrical tin openers. Choose good health, low cholesterol, and dental insurance. Choose fixed interest mortgage repayments. Choose a starter home. Choose your friends. Choose leisurewear and matching luggage. Choose a three-piece suit on hire purchase in a range of fucking fabrics. Choose DIY and wondering who the fuck you are on a sunday morning. Choose sitting on that couch watching mind-numbing, spirit-crushing game shows, stuffing fucking junk food into your mouth. Choose rotting away at the end of it all, pishing your last in a miserable home, nothing more than an embarrassment to the selfish, fucked up brats you spawned to replace yourself. Choose your future. Choose life (Trainspotting, 1996).

Estos enunciados pareciera que nos invitan a elegir lo que la sociedad considera la manera correcta de vivir la vida. Sin embargo, nuestros protagonistas han elegido algo completamente distinto a lo que dicen. Es aquí donde se encuentra la ironía visual: los personajes no están interesados en tener una vida “normal”, ellos están cansados de estar dentro de un sistema en el que son limitados, ignorados, y en el que carecen de un futuro esperanzador. Hay un evidente hartazgo social, que se materializa a través del consumo de drogas. La heroína les da un propósito de vida y les permite mantenerse indiferentes al mundo. 

El discurso inicial de Renton evidencia la doble moral en la que vive el ser humano: las verdades construidas que son criticadas en la película no son solo elecciones socialmente aceptadas, sino que representan mentiras. “La ironía persigue que el receptor descubra y entienda la contradicción aparente entre el enunciado y el sentido del mensaje”(Zabalbeascoa, p. 266). A ellos se les condena por haber elegido una vida que, por mucho, está fuera de los estatutos “normales”. Se les reprocha el consumo de drogas, pero las mismas personas que los rechazan están envueltos en otras adicciones de manera inconsciente: 

Choose DIY and wondering who the fuck you are on a sunday morning. Choose sitting on that couch watching mind-numbing, spirit-crushing game shows, stuffing fucking junk food into your mouth. Choose rotting away at the end of it all, pishing your last in a miserable home, nothing more than an embarrassment to the selfish, fucked up brats you spawned to replace yourself (Trainspotting, 1996). 

Al final de la película, sin embargo, Renton apuesta por vivir esa verdad aceptada. Después de robar el dinero de sus amigos, lo vemos alejarse mientras se escucha su voz en off, explicando que su vida cambiará: “I’m gonna be just like you, the job, the family, the fucking big television, the washing machine, the car…” (Trainspotting, 1996). Ya en Trainspotting 2, la ironía se recrudece y la crítica pretende ser más evidente. Se repite el discurso de “Choose life” solo que esta vez con aseveraciones contemporáneas y mucho más estrictas. 

Choose life. Choose life was a well-meaning slogan from a 1980’s anti-drug campaign and we used to add things to it, so I might say for example, choose… designer lingerie, in the vain hope of kicking some life back into a dead relationship. Choose handbags, choose high-heeled shoes, cashmere and silk, to make yourself feel what passes for happy. Choose an iPhone made in China by a woman who jumped out of a window and stick in the pocket of your jacket fresh from a South-Asian Firetrap. Choose Facebook, Twitter, Snapchat, Instagram and a thousand other ways to spew your bile across people you’ve never met. Choose updating your profile, tell the world what you had for breakfast and hope that someone, somewhere cares. Choose looking up old flames, desperate to believe that you don’t look as bad as they do. Choose live-blogging, from your first walk ‘til your last breath; human interaction reduced to nothing more than data. Choose ten things you never knew about celebrities who’ve had surgery. Choose screaming about abortion. Choose rape jokes, slut-shaming, revenge porn and endless tide of depressing misogyny. Choose 9/11 never happened, and if it did, it was the Jews. Choose a zero-hour contract and two-hour journey to work. And choose the same for your kids, only worse, and maybe tell yourself that it’s better that they never happened. And then sit back and smother the pain with an unknown dose of an unknown drug made in somebody’s fucking kitchen. Choose unfulfilled promise and wishing you’d done it all differently. Choose never learning from your own mistakes. Choose watching history repeat itself. Choose the slow reconciliation towards what you can get, rather than what you always hoped for. Settle for less and keep a brave face on it. Choose disappointment and choose losing the ones you love, then as they fall from view, a piece of you dies with them until you can see that one day in the future, piece by piece, they will all be gone and there’ll be nothing left of you to call alive or dead. Choose your future, Veronika. Choose life (Trainspotting 2, 2017).

Como ocurre en la primera película, el discurso hace una sentencia irónica, pero esta vez no es solo visual, sino que los mismos enunciados evidencian la contradicción y el reproche ante estas elecciones. Nos encontramos de nuevo ante una serie de adicciones que reinan el mundo de lo que es considerado “normal”. 

Rorty llama “ironista” a la persona que se cuestiona constantemente su léxico último y que está consciente de que el conocimiento está basado en el lenguaje, por tanto, el lenguaje limita su conocimiento. El ironista, entonces, se cuestiona la realidad del mundo y busca ampliar su lenguaje, para así ampliar su conocimiento. Lo contrario a la ironía es el sentido común, aquellas personas que se rigen por el sentido común, no cuestionan afirmaciones que existen en su léxico último. Trainspotting busca llamar la atención del espectador y lo invita a cuestionarse las normas sociales que rigen su vida. 

Referencias bibliográficas 

Nietzsche, F. (2017). Sobre verdad y mentira en sentido extramoral y otros fragmentos de filosofía del conocimiento. Madrid, España: Tecnos

Rorty, R. (1991) Contingencia, ironía y solidaridad. Barcelona, España: Paidós.

Zabalbeascoa, P. (2003) La traducción de la ironía audiovisual, el caso de Trainspotting. 


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