Mircea Eliade, historiador rumano de la religión, dice que el mito “…proporciona modelos a la conducta humana y conferir por eso mismo significación y valor a la existencia.” La función principal del mito, continúa, es revelar los modelos ejemplares de todos los ritos y actividades humanas significativas: tanto la alimentación o el matrimonio como el […]
Mircea Eliade, historiador rumano de la religión, dice que el mito “…proporciona modelos a la conducta humana y conferir por eso mismo significación y valor a la existencia.” La función principal del mito, continúa, es revelar los modelos ejemplares de todos los ritos y actividades humanas significativas: tanto la alimentación o el matrimonio como el trabajo, la educación, el arte o la sabiduría.
María Bergoña Ortega, filóloga griega de la universidad de Burgos en España y experta en La Odisea, menciona que el más reciente filme de Christopher Nolan, inspirado en el poema épico, está guiado por el interés contemporáneo. Si, entonces y tomando ambas ideas como puntos de partida, pensamos que el mito modela la conducta humana y que ese mito ha sido adaptado para una contemporaneidad… ¿para quién se ha narrado La Odisea?
El mito original tenía un principio que en su sociedad era prevalente: la conducta de los griegos que navegaban constantemente por el mediterráneo. Las islas recibían constantemente viajeros. El mito original podría, entre otros temas, buscar moldear la conducta frente al acto de viajar y recibir viajeros. Sin embargo, en los últimos meses se ha construído la idea de que La Odisea tiene como tema central el regreso de un hombre a casa.
Se nos ha recordado que La Odisea es un poema que originalmente se narraba de forma oral. Que Homero, probablemente vivió en el siglo VIII antes de Cristo. Y que los poemas fueron escritos en el siglo VII a. C. Y que diferentes intérpretes y autores contribuyeron para dar forma a lo que hoy conocemos como los 24 cantos que construyen La Odisea. Por tanto, podemos situar la intención de la creación, recreación o reinstauración de la vigencia de La Odisea en varios momentos.
El primero, el de su creación o conformación oral. Es decir, cuando los bardos, que eran cantantes que narraban historias a la población, comenzaron a cantar las historias de Odiseo y anteriormente de Aquiles (Iliada). Esto sucedería probablemente cientos de años atrás, incluso en el 1,200 a.C.
En segunda instancia, estaría la intención de la creación, ya desde Homero o ya desde escolares que fueron creando la figura de Homero hasta centrar los cantos en un solo texto. Esto sucedería desde el siglo VIII o VII a.C. hasta nuestros tiempos (Martin L West publicó una edición en 2017, Helmut en 2021, Emily Wilson en 2017).
En tercera, la continuidad o vigencia de la obra. Desde que comienza la noción de Homero, por primera vez en la historia hasta sus diferentes traducciones del griego a otros idiomas.
Y cuarta, la adaptación a nuevas formas de narrar. Entre ellas, el cine.
Imaginemos que estamos en el 900 antes de Cristo. Los pobladores de las islas griegas y mediterráneas llevan cientos de años escuchando las historias de Odiseo y Aquiles. ¿Cuáles son las condiciones de vida? Una sociedad regida por hombres, donde las discusiones políticas se hacían entre caudillos y viejos. La idea de que muchos Dioses son los causantes de los fenómenos naturales, y que hay dioses o semidioses que habitan entre los seres humanos. Así, se genera la Xenia: el pegamento que permitía el viaje y tránsito entre islas y a través del mar para permitir la hospitalidad, pues no existían evidentemente, los hoteles. Era una regla tácita entre viajeros y huéspedes. Cuando uno lee La Odisea, es constante la presentación del viajero o el requerimiento de información: se pregunta de dónde son, quiénes son sus ancestros, cuál es su oficio. En el presente, nos presentamos con una identificación en un puesto aduanal o cargamos un pasaporte que resume la identificación. No existe un sistema que nos identifique solo con nuestra palabra: requerimos un documento. Hoy en día no podemos solamente creer en la palabra de alguien, como lo hacían los antiguos griegos.
En el filme de Nolan, uno de los sintagmas que más llama la atención, era que utilizaran el término ‘veteranos de guerra’. Las diferentes adaptaciones de La odisea que conocemos, carecen de esa denominación. Es posible pues que el filme, para una audiencia contemporánea, busque una apología de la expiación (que en el sentido original del texto no existe), del arrepentimiento (ídem), y del tortuoso regreso a casa.
Como espectadores, podemos elegir que el tema principal del filme es la vuelta a casa. Pero, si fuéramos historiadores situándonos en la Grecia de hace 3000 años, tal vez sería un texto cuya función es dar lecciones constantes a los posibles viajeros. Lecciones del qué hacer y qué no hacer. Enseñanzas de cuáles son las islas y lugares peligrosos para evitar.
Considerando los orígenes sociopolíticos del filme de Nolan, una de sus audiencias podrían ser las familias de los veteranos de guerra en EEUU, que cada vez son mayores. O la sociedad que vive de las condiciones de guerra que nunca ve, pero que recuerda en actos heroicos cada tanto tiempo. O la juventud a la que se le busca sembrar la idea del sufrimiento de los soldados que vuelven a casa.
Para los griegos antiguos, como comenta Ana Iriarte en su artículo La institución de la Xenía: pactos y acogidas en la antigua Grecia, no solamente los griegos recibían a los viajeros por miedo a que fuera a recibir a un dios disfrazado de persona, sino “porque el primer encuentro entre dos extranjeros es susceptible de generar una alianza o un enfrentamiento”. Cada vez que en La Odisea, Homero narra un encuentro, hay un ritual de preguntar quién eres, quiénes son tus padres, de qué tierra vienes.
De igual forma, hay un pacto sagrado ante un juramento. Y menciona la misma Ana Iriarte lo que Platón comenta sobre los extranjeros en sus Leyes: “…porque el extranjero, carente de amigos y de parientes, inspira una mayor compasión a hombres y dioses, y así, el que es capaz de protegerlos despliega un celo mayor en su ayuda, y quien resulta especialmente capaz de ello no es otro que cada uno de los distintos genios y dioses de la hospitalidad…”.
A diferencia de los veteranos de guerra de hoy día, a los que probablemente busca como audiencia el filme (no siempre directamente), los cantos originales de La Odisea probablemente buscaban reunir una orden de constatación y reafirmación de estos valores entre los griegos, una sociedad que viajaba constantemente por el mediterráneo.
Si los textos, los relatos y las historias viajan por los siglos llevando consigo valores que las mismas sociedades buscan mantener vigentes, queda claro que La Odisea, versión de Nolan, no busca mantener la vigencia de la hospitalidad como deber que tenía Homero y los cantos pre-homéricos que conforman la original Odisea (si es que podemos hablar de una original Odisea).
Los personajes de La Odisea, son pacientes porque una idea los mantiene así. Penélope espera y resiste paciente por una idea: que Ulises regresará. Es la esperanza la que lo sostiene. Una fe previa a la fe cristiana. Los que viven en las islas y reciben a Ulises, todos los anfitriones, son buenos anfitriones por una idea, la Xenia. Cabría preguntarse por qué no es tan vigente esa idea hoy en día, habiendo tanta necesidad de dar hospedaje a los viajeros y a las personas desplazadas, no siempre por voluntad propia.
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