Sesión 001 · Quincena · MMXXVI
Cinéfilxs anónimxs
Sesión 001 Películas · Análisis

Manifiesto Cinéfilxs anónimxs

Mi primer acercamiento a la ficción fue gracias a mi abuela. Doña Lola vivía la televisión como si los programas y las películas fueran sucesos cotidianos y los personajes, sus propios amigos. Hablaba de ellos como si los conociera de toda la vida y expresaba sus opiniones como si pudiera cambiar algo de lo que […]

Mi primer acercamiento a la ficción fue gracias a mi abuela. Doña Lola vivía la televisión como si los programas y las películas fueran sucesos cotidianos y los personajes, sus propios amigos. Hablaba de ellos como si los conociera de toda la vida y expresaba sus opiniones como si pudiera cambiar algo de lo que había visto. 

En casa era constante el consumo de películas, sobre todo mexicanas. La voz de Pedro Infante seguido inundaba la atmósfera. Mis tíos, en cambio, consumían historietas, animación y películas hollywoodenses. No sé cuántas veces intenté ver Psicosis con ellos, sin ningún éxito, porque siempre me sacaban del cuarto. 

Yo era una niña en ese entonces, no comprendía realmente cuál era la diferencia entre la vida “real” y la ficción. Y tampoco necesitaba entenderlo. 

Cuando tenía 10 años leí mi primera novela en el taller de lectura de la primaria. La simplicidad y realismo del Diario de Bianca me impactaron a tal grado que después de eso ya no pude dejar de leer. 

Luego vino el fenómeno de Harry Potter. Como muchos otros millennials, esperaba que llegara mi carta de Hogwarts. Me intrigaba el mundo mágico, no solo por la fantasía, sino también por la abstracción que me permitía de la vida “real”. 

Mi fascinación por las historias viene desde ahí. Desde mi abuela, desde Bianca, desde Harry Potter. Las películas y las series se convirtieron, para mí, en una realidad alterna. Las veía y me quedaba días rumiando lo sucedido en mi cabeza. Lo soñaba. Lo repasaba una y otra vez. Las series no se diga, después de pasar tanto tiempo con los personajes, los extrañaba. Me entraba una tristeza que no podía explicar y que mi familia no podía entender. Por mucho tiempo me sentí rara, que vivir tan pasionalmente las ficciones era algo contra natura. Hasta que conocí gente como yo. 

Ahora no me da vergüenza admitir que paso días analizando el capítulo de una serie. O que me obsesiona etiquetar el sentimiento que me genera alguna historia. Por fortuna encontré a mi tribu.

Decidí abrir esta página porque necesitaba un club de cine sin tantas restricciones de horario. Con más libertad para hablar de cualquier tipo de película. Sí, me encanta Tarkovski, pero no puedo evitar reírme con 21 Jump street. Necesitaba un espacio donde pudiera coexistir cualquier gusto. Así que creé Cinéfilxs Anónimxs.

¡Bienvenidxs, cinéfilxs!


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